lunes, 27 de abril de 2026

ACTIVIDAD 7: TESEO Y ARIADNA

 


LOS HECHOS DE LOS HÉROES

Teseo y Ariadna

Aquella noche, Egeo, el anciano rey de Atenas, parecía tan triste y tan preocupado que su hijo Teseo le preguntó:
—¡Qué cara tienes, padre...! ¿Acaso te aflige algún problema?
—¡Ay! Mañana es el maldito día en que debo, como cada año, enviar siete doncellas y siete muchachos de nuestra ciudad al rey Minos, de Creta. Esos desdichados están condenados...
—¿Condenados? ¿Para expiar qué crimen deben, pues, morir?
—¿Morir? Es bastante peor: ¡serán devorados por el Minotauro!
Teseo reprimió un escalofrío. Tras haberse ausentado durante largo tiempo de Grecia, acababa de llegar a su patria; sin embargo, había oído hablar del Minotauro. Ese monstruo, decían, poseía el cuerpo de un hombre y la cabeza de un toro; ¡se alimentaba de carne humana!
—¡Padre, impide esa infamia! ¿Por qué dejas perpetuar esa odiosa costumbre?
—Debo hacerlo —suspiró Egeo—. Mira, hijo mío, he perdido tiempo atrás la guerra contra el rey de Creta. Y, desde entonces, le debo un tributo: cada año, catorce jóvenes atenienses sirven de alimento a su monstruo...
Con el ardor de la juventud, Teseo exclamó:
—En tal caso, ¡déjame partir a esa isla! Acompañaré a las futuras víctimas.
Enfrentaré al Minotauro, padre. Lo venceré. ¡Y quedarás libre de esa horrible deuda!
Con estas palabras, el viejo Egeo tembló y abrazó a su hijo.
—¡Nunca! Tendría demasiado miedo de perderte.
Una vez, el rey había estado a punto de envenenar a Teseo sin saberlo; se trataba de una trampa de Medea, su segunda esposa, que odiaba a su hijastro.
—No. ¡No te dejaré partir! Además, el Minotauro tiene fama de invencible. Se esconde en el centro de un extraño palacio: ¡el laberinto! Sus pasillos son tan numerosos y están tan sabiamente entrelazados que aquellos que se arriesgan no descubren nunca la salida. Terminan dando con el monstruo... que los devora.
Teseo era tan obstinado como intrépido. Insistió, se enojó, y luego, gracias a sus demostraciones de cariño y a su persuasión, logró que el viejo rey Egeo, muerto de pena, terminara cediendo.
A la mañana, Teseo se dirigió con su padre al Pireo, el puerto de Atenas.
Estaban acompañados por jóvenes para quienes sería el último viaje. Los habitantes miraban pasar el cortejo; algunos gemían, otros mostraban el puño a los emisarios del rey Minos que encabezaban la siniestra fila.
Pronto, la tropa llegó a los muelles donde había una galera de velas negras atracada.
—Llevan el duelo —explicó el rey—. Ah... hijo mío... si regresas vencedor, no
olvides cambiarlas por velas blancas. ¡Así sabré que estás vivo antes de que atraques!
Teseo se lo prometió; luego, abrazó a su padre y se unió a los atenienses en la nave.

Una noche, durante el viaje, Poseidón, el dios de los mares, se apareció en sueños a Teseo. Sonreía.
—¡Valiente Teseo! —le dijo—. Tu valor es el de un dios. Es normal: eres mi hijo con el mismo título que eres el de Egeo1... (1 La madre de Teseo había sido tomada a la fuerza por Poseidón la noche de su boda.)

Teseo oyó por primera vez el relato de su fabuloso nacimiento.
—¡Al despertar, sumérgete en el mar! —le recomendó Poseidón—. Encontrarás allí un anillo de oro que el rey Minos ha perdido antaño.
Teseo emergió del sueño. Ya era de día A lo lejos ya se divisaban las riberas de Creta.
Entonces, ante sus compañeros estupefactos, Teseo se arrojó al agua. Cuando tocó el fondo, vio una joya que brillaba entre los caracoles. Se apoderó de ella, con el corazón palpitante. De modo que todo lo que le había revelado Poseidón en sueños era verdad: ¡él era un semidiós!
Este descubrimiento excitó su coraje y reforzó su voluntad.



Cuando el navío tocó el puerto de Cnosos, Teseo divisó entre la multitud al soberano, rodeado de su corte. Fue a presentarse:
—Te saludo, oh poderoso Minos. Soy Teseo, hijo de Egeo.
—Espero que no hayas recorrido todo este camino para implorar mi clemencia —dijo el rey mientras contaba con cuidado a los catorce atenienses.
—No. Sólo tengo un anhelo: no abandonar a mis compañeros.
Un murmullo recorrió el entorno del rey. Desconfiado, este examinó al recién llegado. Reconociendo el anillo de oro que Teseo llevaba en el dedo, se preguntó, estupefacto, gracias a qué prodigio el hijo de Egeo había podido encontrar esa joya.
Desconfiado, refunfuñó:
—¿Te gustaría enfrentar al Minotauro? En tal caso, deberás hacerlo con las manos vacías: deja tus armas.
Entre quienes acompañaban al rey se encontraba Ariadna, una de sus hijas.
Impresionada por la temeridad del príncipe, pensó con espanto que pronto iba a pagarla con su vida. Teseo había observado durante un largo tiempo a Ariadna. Ciertamente, era sensible a su belleza. Pero se sintió intrigado sobre todo por el trabajo de punto que llevaba en la mano.
—Extraño lugar para tejer —se dijo.
Sí, Ariadna tejía a menudo, cosa que le permitía reflexionar. Y sin sacarle los ojos de encima a Teseo, una loca idea germinaba en ella...
—Vengan a comer y a descansar —decretó el rey Minos—. Mañana serán conducidos al laberinto.


Teseo se despertó de un sobresalto: ¡alguien había entrado en la habitación donde estaba durmiendo! Escrutó en la oscuridad y lamentó que le hubieran quitado su espada. Una silueta blanca se destacó en la sombra. Un ruido familiar de agujas le indicó la identidad del visitante:
—No temas nada. Soy yo: Ariadna.
La hija del rey fue hasta la cama, donde se sentó. Tomó la mano del muchacho.
—¡Ah, Teseo —le imploró—, no te unas a tus compañeros! Si entras en el laberinto, jamás saldrás de él. Y no quiero que mueras...
Por los temblores de Ariadna, Teseo adivinó qué sentimientos la habían empujado a llegar hasta él esa noche. Perturbado, murmuró:
—Sin embargo, Ariadna, es necesario. Debo vencer al Minotauro.
—Es un monstruo. Lo detesto. Y, sin embargo, es mi hermano...
—¿Cómo? ¿Qué dices?
—Ah, Teseo, déjame contarte una historia muy singular...
La muchacha se acercó al héroe para confiarle:
—Mucho antes de mi nacimiento, mi padre, el rey Minos, cometió la imprudencia de engañar a Poseidón: le sacrificó un miserable toro flaco y enfermo en vez de inmolarle el magnífico animal que el dios le había enviado. Poco después, mi padre se casó con la bella Pasífae, mi madre. Pero Poseidón rumiaba su venganza. En recuerdo de la antigua afrenta que se había cometido contra él, le hizo perder la cabeza a Pasífae y la indujo a enamorarse... ¡de un toro! ¡La desdichada llegó, incluso, a mandar
construir una carcasa de vaca con la cual se disfrazaba, para unirse al animal que amaba!
—¡Qué horrible estratagema!
—La continuación, Teseo, la adivinas —concluyó Ariadna temblando—. Mi madre dio nacimiento al Minotauro. Mi padre no podía decidirse a matar a ese monstruo; pero quiso esconderlo para siempre de la vista de todos. Convocó al más hábil de los arquitectos, Dédalo, que concibió el famoso laberinto...
Impresionado por este relato, Teseo no sabía qué decir.
—No creas —agregó Ariadna— que quiero salvar al Minotauro. ¡Ese devorador de hombres merece mil veces la muerte!
—Entonces, lo mataré.
—Si llegaras a hacerlo, nunca encontrarías la salida del laberinto.
Un largo silencio se produjo en la noche. De repente, la muchacha se acercó aún más al joven y le dijo:
—¿Teseo? ¿Si te facilitara el medio de encontrar la salida del laberinto, me llevarías de regreso contigo?
El héroe no respondió. Por cierto, Ariadna era seductora, y la hija de un rey.
Pero él había ido hasta esa isla no para encontrar allí una esposa, sino para liberar a su país de una terrible carga.
—Conozco los hábitos del Minotauro —insistió—. Sé cuáles son sus debilidades y cómo podrías acabar con él. Pero esa victoria tiene un precio: ¡me sacas de aquí y me desposas!—
De acuerdo. Acepto.
Ariadna se sorprendió de que Teseo aceptara tan rápidamente. ¿Estaba enamorado de ella? ¿O se sometía a una simple transacción? ¡Qué importaba! Le confió mil secretos que le permitirían vencer a su hermano al día siguiente. Y el ruido de su voz se mezclaba con el obstinado choque de sus agujas: Ariadna no había dejado de tejer.


Frente a la entrada del laberinto, Minos ordenó a los atenienses:
—¡Entren! Es la hora...
Mientras los catorce jóvenes aterrorizados penetraban uno tras otro en el extraño edificio, Ariadna murmuró a su protegido:
—¡Teseo, toma este hilo y, sobre todo, no lo sueltes! Así, quedaremos ligados uno con el otro.
Tenía en la mano el ovillo de la labor que no la abandonaba jamás. El héroe tomó lo que ella le extendía: un hilo tenue, casi invisible. Si bien el rey Minos no adivinó su maniobra, comprendió que a ese muchacho y a su hija les costaba mucho separarse.
—¿Y bien, Teseo —se burló—, acaso tienes miedo?
Sin responder, el héroe entró a su vez en el corredor. Muy rápidamente, se unió a sus compañeros que vacilaban ante una bifurcación.
—¡Qué importa! —les dijo—. Tomen a la derecha.
Desembocaron en un corredor sin salida, volvieron sobre sus pasos, tomaron el otro camino que los condujo a una nueva ramificación de varios pasillos.
—Vayamos por el del centro. Y no nos separemos.

Pronto emergieron al aire libre; a los muros del laberinto habían seguido infranqueables bosquecillos.
—¿Quién sabe? —murmuró uno de los atenienses—. ¿Y si el destino nos ofreciera la posibilidad de no llegar al Minotauro... sino a la salida?
Ay, Teseo sabía que no sería así: ¡Dédalo había concebido el edificio de modo tal que se terminaba llegando siempre al centro!
Fue exactamente lo que se produjo. Hacia la noche, cuando sus compañeros se quejaban de la fatiga y del sueño, Teseo les ordenó de pronto:
—¡Detengámonos! Escuchen. Y además... ¿no oyen nada?
Los muros les devolvían el eco de gruñidos impacientes. Y en el aire flotaba un fuerte olor a carroña.
—Llegamos —murmuró Teseo—. ¡El antro del monstruo está cerca! Espérenme y, sobre todo, ¡no se muevan de aquí!
Partió solo, con el hilo de Ariadna siempre en la mano.

De repente, salió a una explanada circular parecida a una arena. Allí había un monstruo aún más espantoso que todo lo que se había imaginado: un gigante con cabeza de toro, cuyos brazos y piernas poseían músculos nudosos como troncos de roble. Al ver entrar a Teseo, mugió un espantoso grito de satisfacción voraz. Bajo las narinas, su boca abierta babeaba. Debajo de su cabeza bovina y peluda, apuntaban unos cuernos afilados hacia la presa. Luego, se lanzó hacia su futura víctima golpeando la arena con sus pezuñas.

El suelo estaba cubierto de osamentas. Teseo recogió la más grande y la blandió. En el momento en que el monstruo iba a ensartarlo, se apartó para asestarle en el morro un golpe suficiente para liquidar a un buey... ¡pero no lo bastante violento para matar a un Minotauro!
El monstruo aulló de dolor. Sin dejarle tiempo de recuperarse, Teseo se aferró a los dos cuernos para saltar mejor encima de los hombros peludos. Así montado, apretó las piernas alrededor del cuello de su enemigo y, con toda su fuerza, ¡las estrechó! Privado de respiración, el monstruo, furioso, se debatió. ¡Ya no podía clavar los cuernos en ese adversario que hacía uno con él! Pataleó, cayó y rodó por el suelo. A pesar de la arena que se filtraba en sus orejas y en sus ojos, Teseo no soltaba prenda, tal como
Ariadna se lo había recomendado.

Poco a poco, las fuerzas del Minotauro declinaron. Pronto, lanzó un espantoso mugido de rabia, tuvo un sobresalto... ¡y exhaló el último suspiro! Entonces, Teseo se apartó de la enorme cosa inerte. Su primer reflejo fue ir a recuperar el hilo de Ariadna.
El silencio insólito y prolongado había atraído a sus compañeros.
—Increíble... ¡Has vencido al Minotauro! ¡Estamos a salvo!
Teseo reclamó su ayuda para arrancar los cuernos del monstruo.
—Así —explicó—, Minos sabrá que ya no queda tributo por reclamar.
—¿De qué serviría? Por cierto, nos hemos salvado. Pero nos espera una muerte lenta: no encontraremos jamás la salida.
—Sí —afirmó Teseo mostrándoles el hilo—. ¡Miren!

Febriles, se pusieron en marcha. Gracias al hilo, volvían a desandar el largo y tortuoso trayecto que los había conducido hasta el Minotauro. A Teseo le costaba calmar su impaciencia. Se preguntaba qué dios benévolo le había dado esa idea genial a Ariadna. Pronto, el hilo se tensó: del otro lado, alguien tiraba con tanta prisa como él.
Finalmente, luego de muchas horas, emergieron al aire libre. El héroe, extenuado, tiró los cuernos sanguinolentos del Minotauro al suelo, cerca de la entrada.

—¡Teseo... por fin! ¡Lo has logrado!
Loca de amor y de alegría, Ariadna se precipitó hacia él. Se abrazaron. La hija de Minos echó una mirada enternecida al enorme ovillo desordenado que Teseo,
todavía, tenía entre las manos.
—A pesar de todo —le reprochó sonriendo—, hubieras podido enrollarlo mejor...


El alba se acercaba. Acompañados por Ariadna, Teseo y sus compañeros se escurrieron entre las calles de Cnosos y llegaron al puerto.
—¡Perforen el casco de todos los navíos cretenses! —ordenó.
—¿Por qué? —se interpuso Ariadna, asombrada.
—¿Crees que tu padre no va a reaccionar? ¿Que va a dejar escapar con su hija al que mató al hijo de su esposa?
—Es verdad —admitió ella—. Y me pregunto qué castigo va a infligir a Dédalo, ya que su laberinto no protegió al Minotauro como lo esperaba mi padre. (Minos condenará a Dédalo y a su hijo Ícaro a quedar prisioneros en el famoso laberinto.)


Cuando el sol se levantó, Teseo tuvo un sueño extraño: esta vez, fue otro dios, Baco, el que se le apareció.
—Es necesario —ordenó—, que abandones a Ariadna en una isla. No se convertirá en tu esposa. Tengo para ella otros proyectos más gloriosos.
—Sin embargo —balbuceó Teseo—, le he prometido...
—Lo sé. Pero debes obedecer. O temer la cólera de los dioses.
Cuando Teseo se despertó, aún vacilaba. Pero al día siguiente, la galera debió enfrentar una tormenta tan violenta que el héroe vio en ella un evidente signo divino.
Gritó al vigía:
—¡Debemos detenernos lo antes posible! ¿No ves tierra a lo lejos?
—¡Sí! Una isla a la vista... Debe ser Naxos.
Atracaron allí y esperaron que los elementos se calmaran.

La tormenta se apaciguó durante la noche. A la madrugada, mientras Ariadna seguía durmiendo sobre la arena, Teseo reunió a sus hombres. Ordenó partir lo antes posible. Sin la muchacha.

—¡Así es! —dijo al ver la cara llena de reproches de sus compañeros. 
Los dioses no actúan sin motivo. Y Baco tenía buenas razones para que Teseo abandonara a Ariadna: seducido por su belleza, ¡quería convertirla en su esposa! Sí, había decidido que tendría con ella cuatro hijos y que, pronto, se instalaría con él en el Olimpo. Como señal de alianza divina se había prometido, incluso, regalarle un diamante que daría nacimiento a una de las constelaciones más bellas...
Claro que Teseo ignoraba las intenciones de ese dios enamorado y celoso.



Singlando de nuevo hacia Atenas, se acusaba de ingratitud. Preocupado, olvidó la recomendación que su padre le había hecho...
Apostado a lo alto del faro que se erigía en la entrada del Pireo, el guardia gritó, con la mano como visera encima de los ojos:
—¡Una nave a la vista! Sí... es la galera que vuelve de Creta. ¡Rápido, vamos a advertir al rey!
Menos de tres kilómetros separan a Atenas de su puerto. Loco de esperanza y de inquietud, el viejo rey Egeo acudió a los muelles.
—¿Las velas? —preguntó alzando la cabeza hacia el guardia—. ¿Puedes ver las velas y decirme cuál es su color?
—Ay, gran rey, son negras.
El viejo Egeo no quiso saber más. Loco de dolor, se arrojó al mar y se ahogó.
Cuando la galera atracó, acababan de conducir el cuerpo del viejo Egeo a la orilla. Teseo se precipitó hacia él. Adivinó enseguida lo que había ocurrido y se maldijo por su negligencia.
—¡Padre mío! ¡No... estoy vivo! ¡Vuelve en ti, por piedad!
Pero era demasiado tarde: Egeo estaba muerto. La tristeza que invadió a Teseo le hizo olvidar de golpe su reciente victoria sobre el monstruo. Con amargura, el héroe pensó que acababa de perder a una esposa y a un padre.
—¡A partir de ahora, Teseo, eres rey! —dijeron los atenienses, inclinándose.
El nuevo soberano se recogió sobre los restos de Egeo. Solemnemente, decretó:
—¡Que este mar, a partir de ahora, lleve el nombre de mi padre adorado!
Y a partir de ese día funesto, en que el vencedor del Minotauro regresó de Creta, el mar que baña las costas de Grecia lleva el nombre de Egeo.

Mientras tanto, Ariadna se había despertado en la isla desierta. En el día naciente, vio a lo lejos las velas oscuras de la galera que se alejaba. Incrédula, balbuceó:
—¡Teseo! ¿Es posible que me abandones?
Siguió el navío con los ojos hasta que se lo tragó el horizonte. Comprendió, entonces, que nunca volvería a ver a Teseo. Sola en la playa de Naxos, dio libre curso a su pena; gimió largamente sobre la ingratitud de los hombres.
Luego, Ariadna reencontró sobre la arena su labor abandonada.
Retomó las agujas. Y en espera de que se realizara el prodigioso destino que ella ignoraba, puso nuevamente manos a la obra.
Tejía a la vez que lloraba.

GUÍA DE PREGUNTAS PARA EL TEXTO:

  Leer el texto “Teseo y Ariadna” y responder:

1.¿Por qué Egeo está preocupado? ¿Por qué debe cumplir con ese tributo?

2 ¿Quién era el Minotauro?

3 ¿Qué desea hacer Teseo y qué le pide su padre a Teseo que haga al volver?

4.¿Qué le revelan a Teseo sus sueños? Justifica tu respuesta (extrae un fragmento del texto).

5. ¿Quién es Ariadna? ¿Qué historia le cuenta a Teseo y por qué?

6. ¿Qué le pide a cambio de su ayuda Ariadna a Teseo? ¿Qué le da para ayudarlo y con qué propósito?

7. ¿Cómo vence Teseo al Minotauro? ¿Cómo demuestra Teseo que lo mató?

8. ¿Qué sucede con el rey Egeo y  por qué?






lunes, 20 de abril de 2026

ACTIVIDAD 6: EL MITO Y EL HÉROE MÍTICO

 

EL MITO Y EL HÉROE MÍTICO

Lee la siguiente teoría acerca del Mito:

 

El Mito

El mito es un relato tradicional donde personajes extraordinarios realizan acciones sobrenaturales. En un principio, los mitos fueron transmitidos oralmente de generación en generación, y luego, los recopiladores hicieron las versiones escritas que llegaron hasta nuestros días.

En los mitos, la narración se inscribe en épocas lejanas e imprecisas, en las que los mortales interactúan con las divinidades en un período anterior al tiempo histórico. El espacio en el que habitan los dioses se diferencia del que ocupan los mortales o los muertos, pero muchas veces los personajes suelen desplazarse de un lugar a otro.

El mito es esencialmente un relato de carácter religioso y trata de explicar el origen del hombre, la creación del mundo y las leyes de la naturaleza. Existen diferentes clasificaciones de los mitos. Algunos, teniendo en cuenta los personajes que protagonizan las historias, los dividen en: mitos divinos, protagonizados por dioses, y mitos heroicos, protagonizados por héroes. Otros investigadores, en cambio, consideran que los mitos tratan sobre la naturaleza y, por ende, los dividen según los temas en mitos del sol, del cielo, del mar, del fuego, etc.
Los mitos más conocidos son los que pertenecen a la cultura griega y a la romana. La colección de mitos pertenecientes a un pueblo determinado se llama “mitología”.

Los personajes

Los personajes principales de los mitos son los dioses y los héroes. Los dioses se caracterizan por ser inmortales y poderosos. El dios principal de la mitología griega es Zeus, llamado Júpiter en la mitología romana. Los sentimientos y los comportamientos de los dioses se parecen mucho a los de los humanos: sienten celos, envidia, y algunos son muy vengativos, como Juno. Se relacionan a diario con los mortales a quienes favorecen o perjudican de acuerdo con sus preferencias, sin importar si es justo o no. Cada uno de los dioses gobierna sobre un aspecto de la realidad (la guerra, la fertilidad, el mar).
Los héroes, por su parte, son hombres extraordinarios que sobresalen por alguna característica que los diferencia de los demás mortales.

Otros personajes mitológicos son las divinidades menores, como las ninfas, los seres fabulosos (mitad hombre, mitad animal) y los monstruos o animales feroces.

La figura del héroe

Muchos de los protagonistas de los mitos son héroes. Los más famosos son Hércules, Aquiles y Odiseo.

Lo que convierte a un personaje en héroe es, por un lado, sus actos, y por otro, su personalidad. Sus acciones son hazañas que no puede realizar cualquier mortal. Los mitos relatan una serie de pruebas que deben sortear los héroes para demostrar su superioridad; su recompensa será lograr la gloria y la fama.

Desde el punto de vista de su personalidad, el héroe mitológico posee varias virtudes que guían su conducta y responden a la escala de valores del tipo de sociedad de la cual el héroe se propone como modelo.

LA TRAMA NARRATIVA

Todos los mitos son narraciones. Los textos narrativos se caracterizan por organizarse alrededor de una estructura básica, formada por una serie de categorías fijas: el marco, el suceso y el episodio. Estas tres categorías componen la trama narrativa.


El marco es la situación inicial de la narración. En esta parte, se presentan los personajes, el lugar donde se desarrollarán los acontecimientos y el tiempo. En el caso de los mitos, el tiempo es impreciso y sólo está determinado por los actos o los sucesos. Por ejemplo, Hércules nace, crece y, tiempo después, se casa con una doncella.

El suceso está formado por la complicación y la resolución. La complicación modifica el estado precedente y desencadena el relato. Es la parte más interesante del texto, porque permite que la narración avance y se llegue al momento cumbre o clímax, cuando se pone en crisis la situación inicial. La resolución es el desenlace del conflicto y puede ser favorable o desfavorable para los personajes. Por ejemplo, Juno vertió en la copa de Hércules un veneno que lo enloqueció. El héroe mató a su familia y como castigo debió servir como esclavo a su primo Euristeo.

La suma del marco y del suceso forma el episodio. En un texto narrativo, podemos encontrar uno o más episodios.

Lee atentamente el siguiente relato:

 

Teseo
Robert Graves

Etra, hija del rey de Trecenas, conoció a Egeo, el rey de Atenas, y se enamoró profundamente de él. Pronto quedó embarazada, pero Egeo la abandonó al enterarse de que el hijo que llevaba Etra en sus entrañas, y que se llamaría Teseo, no era suyo, sino que había sido concebido por Poseidón, el dios del mar. Sin embargo, antes de abandonar a Etra, y aun antes de que Teseo naciera, Egeo, que se negaba a sentirse traicionado, escondió bajo una roca su espada y sus sandalias, llevó a Etra hasta allí y le dijo:

–Cuando el niño cumpla dieciséis años debes traerlo hasta esta piedra. Si es lo suficientemente fuerte como para quitar los objetos de allí, entonces podrá presentarse ante mí en Atenas y lo reconoceré como mi hijo y sucesor.


Fue así como Teseo fue criado por su madre y su abuelo, en Trecenas, lejos de Egeo.

Teseo mostró desde muy pequeño una gran valentía. Pronto se convirtió en un joven fuerte, inteligente y prudente. Cuando llegó a la edad indicada por Egeo, su madre lo llevó hasta la roca. Fácilmente pudo removerla y emprendió su camino a Atenas, para conocer a su padre. A pesar de los ruegos de su madre, y de los consejos de su abuelo, no quiso ir por el camino seguro del mar, sino que emprendió su viaje por tierra. El joven, que sentía en su interior el espíritu y el alma del héroe, tenía el impulso de imitar las hazañas de su primo Hércules, famoso por su valentía y coraje, y por quien sentía una profunda admiración. Deseaba, como él, poder eliminar a los malhechores y los monstruos que amenazaban constantemente a los pobladores de la región.


En su largo camino a Atenas, Teseo fue librando distintas batallas con ladrones y pequeños tiranos, y en todas ellas salió victorioso.


Luego de superar los innumerables peligros del camino, Teseo llegó, por fin, a Atenas. Cuando Egeo lo vio con sus objetos, reconoció en él a su hijo y lo declaró su sucesor.

Los atenienses estaban en ese entonces profundamente afligidos a causa del tributo que se veían obligados a otorgar a Minos, el rey de Creta. Este tributo consistía en el sacrificio de siete jóvenes y siete doncellas, que eran enviados todos los años a ser devorados por el Minotauro, un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro. Era enormemente fuerte y feroz, y se hallaba encerrado en un laberinto construido por Dédalo, ideado tan ingeniosamente que cualquiera que entraba en él no podía de ningún modo encontrar la salida sin ayuda y moriría indefectiblemente.


Teseo resolvió librar a sus compatriotas de esta calamidad. Ya habían sido enviados catorce jóvenes en dos oportunidades y estaba listo el tercer tributo. Los jóvenes y las doncellas que serían las víctimas eran elegidos por sorteo. Teseo, que se sentía profundamente compadecido de los padres cuyos hijos habían sido seleccionados, se ofreció para ser sacrificado.
–Hijo mío, no vayas, te lo ruego. He pasado mucho tiempo sin ti y no quiero perderte –imploró Egeo.
–No, padre, no puedo quedarme, debo ir. Yo venceré al Minotauro y los liberaré de semejante castigo.
Desatendiendo los ruegos de su padre y confiando en que los dioses estarían de su lado, Teseo partió rumbo a Creta.


Antes de partir, el héroe consultó al Oráculo* y éste le dijo:

–Debes tomar como guía y compañera de viaje a Afrodita. Ella velará por ti y te prestará su ayuda cuando más la necesites.

El héroe así lo hizo y en la playa, a punto de zarpar, le ofreció una cabra en sacrificio. De esta forma, se aseguró de que la diosa no lo abandonaría.


Después de varios días de navegación, llegaron a Creta. El rey Minos los esperaba en el puerto para contar personalmente que las víctimas fueran catorce. Junto con él se hallaba su hija Ariadna, que al ver a Teseo se enamoró perdidamente y decidió ayudarlo.

–Te ayudaré a matar al Minotauro –le prometió en secreto– si me permites volver contigo a Atenas.
–Acepto tu ofrecimiento. Volveremos juntos a Atenas –respondió Teseo, que había sido cautivado por la bella doncella.


Dédalo, antes de partir de Creta, le había obsequiado a Ariadna un ovillo mágico y le había enseñado la forma de entrar y salir del laberinto.

–Teseo –le dijo Ariadna–, debes abrir la puerta de entrada y atar la punta del ovillo al dintel*; el hilo irá girando y girando por los distintos recodos del laberinto y te llevará hasta donde está el Minotauro.

–¿Y cómo puedo matarlo?

–Debes atraparlo por el pelo y clavarle esta espada –dijo e inmediatamente le entregó una espada reluciente y filosa–. Es preciso que ofrezcas al monstruo en sacrificio a Poseidón. Después, podrás encontrar el camino de regreso enrollando el ovillo en sentido inverso.


Esa misma noche, Teseo emprendió su camino al interior del laberinto. Hizo exactamente lo que le había dicho la bella Ariadna y salió victorioso.


Cuando Ariadna lo vio regresar del laberinto manchado con sangre, lo abrazó apasionadamente y juntos fueron al puerto donde se encontraba el grupo de atenienses.

Grande fue la ovación con la que recibieron al héroe que los había salvado de una muerte segura y había logrado terminar con semejante pesadilla.


Enseguida hicieron los preparativos para regresar a Atenas ocultos en la noche, porque sabían que Minos, apenas se enterara de la hazaña de Teseo, no tardaría en preparar sus fuerzas para atacar a quién había destruido al monstruo.


Así salieron ilesos de Creta y escaparon sin sufrir pérdidas, protegidos por la oscuridad y los dioses que velaban por ellos.

En Los mitos griegos. Madrid: Alianza, 1992. (Fragmento adaptado).

* Oráculo: lugar donde acudían los griegos para buscar la respuesta que daban los dioses.
* Dintel: parte superior de la puerta.

 

Actividades

1. ¿Quiénes son los padres de Teseo?
2. ¿Qué prueba tuvo que superar Teseo para que su verdadero padre lo reconociera y lo nombrara su sucesor?
3. ¿Qué hazaña cumplió Teseo luego de haber llegado a Atenas?
4. ¿Quién lo ayudó? ¿Cómo lo hizo? ¿Qué le pidió a cambio?
5. Buscá los personajes del mito y clasifícalos en tu carpeta. Menciona una característica que distinga a cada uno.
6. Identificá los sucesos de la narración.
7. ¿Cuántos episodios hay en el relato? Justificá tu respuesta.
8. ¿Cuáles son las complicaciones y las resoluciones de los episodios que encontraste?
9. Enumerá las características de Teseo que lo convierten en un héroe.

EL HÉROE

¿ QUÉ ES SER UN HÉROE?


Si buscamos en el diccionario de la Real Academia Española la definición de héroe,
encontramos una etimología (del latín heros y este del griego ἥρως) y varias acepciones:

1. Persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes.
2. Persona que lleva a cabo una acción heroica.
3. Persona a la que alguien convierte en objeto de su especial admiración.
4. En un poema o relato, personaje destacado que actúa de una manera valerosa y arriesgada.
5. Protagonista de una obra de ficción.
6. En la mitología antigua, hombre nacido de un dios o una diosa y de un ser humano, por lo
    cual lo reputaban más que hombre y menos que dios; por ejemplo, Hércules, Aquiles,
    Eneas, etc.

Pero...

¿Es suficiente para ser un héroe alcanzar la popularidad o el liderazgo? 
¿Es necesario realizar algo sobresaliente en cualquier esfera de actividad? 
¿El héroe debe de constituir un modelo a imitar por la sociedad? 
¿Su lucha debe ser desinteresada, por el bien común, por una sociedad mejor y más justa?

Veamos... 

Joseph Campbell lo describe así: “A hero is someone who has given his or her life to something bigger than oneself.” [un héroe es alguien que ha entregado su vida a algo más grande que él mismo].
                     (El héroe de las mil caras)


"La palabra héroe procede del griego, de una raíz que significa «proteger y servir».
Un héroe es alguien capaz de sacrificar sus propias necesidades en beneficio de los demás. 
En consecuencia, el significado de la palabra héroe está directamente emparentado con la idea del sacrificio personal." 
                                                 (C. VOGLER, El viaje del escritor, p.65.)




 «Se da el nombre de héroes a los hombres que por su sabiduría y valor se hacen merecedores del cielo.»
                                        San Isidoro



Según el crítico Pedro Salinas, el héroe literario fue, sucesivamente:
1.     El inmortal, o héroe del mito.
2.     El guerrero, o héroe de la epopeya o cantar de gesta medieval.
3.     El ser excelso, o héroe idealizado de las novelas sentimentales del renacimiento y el romanticismo.
4.     Un hombre corriente, o héroe de clase media o burguesa de la novela realista y naturalista del siglo XIX.
El tránsito del tercer estadio al último se verifica, según él, con el antihéroe de la novela picaresca española, en los siglos XVI y XVII.

Características del héroe mítico


Rasgos distintivos generales del héroe

Una inteligencia superior que les posibilita solucionar acertijos y problemas (el de Edipo frente al enigma propuesto por la esfinge).

Cometer un phónos akoúsios, es decir, una muerte accidental, por lo que deben sufrir un castigo que determina el exilio (Heracles).

Debe ser valiente, honesto, debe pensar en los demás, tener valores, ser seguro de sí mismo, y persigue sus objetivos sin importar los obstáculos.

La mayor parte de las veces han experimentado el exilio, lo que implica una suerte de conocimiento o iniciación por la que, al regresar, se muestran como seres algo diferentes [pensemos el caso de  Eneas , Perseo].

Poseen una morfología fuera de lo ordinario; en la mayor parte de los casos manifiestan marcas visibles –Lábdaco es cojo, Odiseo tiene una cicatriz; algunos son gigantes; otros enanos; otros, como Heracles, poseen una fuerza desmedida; esa morfología singular los lleva a realizar acciones también singulares.

Por razones diversas siempre existe algún ser (divino o mortal) que pretende deshacerse del héroe, por lo que lo somete a combates extraordinarios de los que se espera que no regrese; mas siempre sucede lo contrario, y el héroe retorna victorioso. (los trabajos de Perseo)

Sortear diversas pruebas y otros tipos de competencias, de las que el héroe siempre sale airoso.

Fundación de ciudades, la mayor parte de las veces por predicción de algún oráculo.

El portar determinadas armas que los caracterizan.
El haber tenido una gestación y un nacimiento.

El haber sorprendido ya en su niñez con hazañas inimaginables (Heracles por ejemplo estrangula dos serpientes siendo un niño).

Poseer un fin generalmente violento dado que mueren despedazados (Orfeo), quemados (Heracles), en combates singulares (Layo), fulminados por un rayo, metamorfoseados, lo cual, en la mayor parte de los casos se da seguido de una apoteosis o transfiguración (HeraclesOrfeoEdipo).

Tener un final sobrenatural; tal el caso de Edipo, según refiere Sófocles al final de Edipo en Colono, que próximo a morir –según relata el mensajero-, es invitado por una voz omnipotente a elevarse y sumarse al conjunto de dioses quienes en ese trance lo reconocen como a uno de los suyos.

Tener un destino desventurado con sus hijos (Yocasta y Layo con EdipoHeracles con los que había tenido con Megara).





Rasgos éticos, morales e intelectuales

·         Naturaleza mixta: Por lo general, los héroes tienen una naturaleza mixta, es decir, son mitad humanos y mitad dioses.

·         Conflicto con el mundo exterior: El héroe se pone, a pesar de su superioridad, al mismo nivel de la gente común a la que aquejan problemas semejantes. Esto es lo que hace que el héroe nos sea simpático y nos identifiquemos con él. ​


·         Coraje: El coraje para enfrentar la vida es una de las características más obvias para un héroe, porque no podría llamarse héroe si todo le diera miedo o no emprendiera ninguna aventura. El héroe siempre tiene el coraje suficiente para enfrentar los problemas de la vida y de su propio destino.

·         No tiene miedo a la muerte: El héroe no tiene miedo a la muerte. En sus combates y empresas que lo llevan al borde de la existencia ellos muestran valor y coraje.


·         Ideología utópica: El héroe se rige por valores universales los cuales hacen referencia al ciclo de la vida: del inicio, al final y a la renovación de la vida. Si no tiene miedo a la muerte, es porque no se fija en la muerte del individuo, sino en la pervivencia del espíritu humano.




EL CAMINO DEL HÉROE


El camino común de la aventura mitológica del héroe es la representación de la fórmula de los ritos de iniciación:


separación-iniciación-retorno.

El héroe inicia su aventura desde el mundo de todos los días hacia una región de prodigios sobrenaturales, se enfrenta con fuerzas fabulosas y gana una victoria decisiva; el héroe regresa de su misteriosa aventura con la fuerza de otorgar dones a sus hermanos.


El viaje no es solamente una aventura física que transporta al héroe de un lugar a otro; se trata también de un viaje espiritual donde el héroe pasa de la inocencia y la ignorancia a la experiencia y al conocimiento o sabiduría.


El objetivo real de la expedición es el descubrimiento de su mundo interior donde se concentran todas sus fortalezas y debilidades.

                                                                                                                                           
(Cf. HENDERSON M., Star Wars, la magie du mythe, Ed. Presse de la cité, Paris, 1998.)








Rasgos de acción del héroe

·         Separación del mundo: Los héroes constantemente sufren un cambio de lugar por causas ajenas a su voluntad, es decir, han sido movidos de su lugar original. ​ Esto hace que el héroe busque en su viaje la manera de llegar a casa a toda costa, donde su familia, amigos u otros lo esperan. El que un héroe sea movido de su lugar de origen implica un viaje para volver o para encontrar un nuevo hogar. Dicho viaje puede o no ser físico, porque lo que en realidad importa es el viaje interior de autoconocimiento, pues conociendo la naturaleza del hombre y su conexión con el mundo es como se vislumbra la renovación de la vida, la trascendencia del espíritu humano y que a la vez hace que lo mortal y lo inmortal sea uno mismo como realmente lo es. ​

·         Búsqueda de aventura: La búsqueda constante de aventura o sed de sangre hace que el combate inicial sea una especie de iniciación para el héroe. Estos combates se dan por el empeño en superar su parte mortal, llevar lo mortal al límite y sobrepasarlo, por lo que emprende diversas empresas. Dichas empresas se sumergen en un tiempo distinto al nuestro, más bien están en los tiempos del origen del hombre y del mundo, y son paradigma del comportamiento humano. ​ Sin embargo, también ocurre que su iniciación en la aventura sea de manera involuntaria, ya sea por un accidente, por fuerza del azar o por la intervención de un segundo.


·         Respuesta al llamado: La respuesta al llamado, ya sea voluntario o involuntario (fruto de la curiosidad), por causa del azar, del destino o de alguien más, es imprescindible para el héroe para demostrar su valentía, su coraje; aunque también demuestra cómo se somete ante el destino. ​ Es decir, el responder al llamado es aceptar la imposibilidad de actuar frente al destino.

·   Muerte inconsciente: A los héroes, por lo general, la muerte les llega de manera involuntaria, pues su error, imperfección o comportamiento indigno lo comenten en actos de enajenación durante la batalla, lucha o circunstancias donde no les es posible pensar de manera consciente. ​ El héroe no tiene miedo a la muerte, se sabe superior a ella. ​ Es sobre todo una muerte joven y prematura la que los diviniza, pues por sus cuerpos no pasan los efectos del tiempo: no se deterioran, no muestran vejez o enfermedad. Y según Campbell, la muerte del héroe no es tomada de manera negativa, sino como un acto para la renovación del mundo. ​


·         Batalla con su contrario: El antagonista puede ser el causante de la separación del héroe con su hogar. Entonces el héroe se sentirá atraído en busca de la causa de su viaje o por venganza, como medio para lograr el equilibrio. Y aunque pierda el héroe, eso no significa que sus valores y su ideología no hayan trascendido; al contrario: sus actos, pensamientos y valores pasan a la humanidad.

·         Regreso para mejorar el mundo: Si después de la batalla el héroe regresa a su hogar, duda de los valores preestablecidos, del orden social, y puede, ya sea directa o indirectamente, cambiar y romper dichas reglas para mejorar la sociedad. 

jueves, 16 de abril de 2026

ACTIVIDAD 5: LA DIMENSIÓN DE LOS HÉROES

 

La dimensión de los héroes

Aristóteles señala, en su Poética, que la imitación de la realidad en una obra puede hacerse de tres maneras: “pintando” a los personajes mejores de lo que son, “pintándolos” como son o haciéndolos aparecer como peores. Al tomar como referencia a los seres humanos para indicar las cualidades de los personajes, Aristóteles ofrece un modelo de conducta para los lectores: ante los mejores es necesario admirarse, ante los iguales reconocerse y ante los peores prevenirse. El héroe del mundo clásico es un modelo de los valores que la sociedad entiende como positivos. En él se encarnan las virtudes a las que los hombres aspiran en cada momento de la historia. De igual manera, las obras literarias ofrecen ejemplos de lo que no se debe hacer, modelos para que, con su contemplación, los hombres comprendan lo errado de sus actos.

El héroe es siempre una propuesta, una encarnación de ideales. La condición de héroe, por lo tanto, proviene tanto de sus acciones como del valor que los demás le otorgan. Esto permite que la dimensión heroica varíe en la historia según los valores que la sociedad reconozca como tales y la meta que se proponga.

Actividades:

1.     ¿Cuáles son las virtudes que encarna Aquiles, que lo transforman en un héroe? Investiga utilizando las redes o páginas de internet sobre la figura de Aquiles.

2.     En la actualidad, ¿qué virtudes aspiran los hombres?

3.     Lean el siguiente fragmento:


"Guerrero" y "héroe" son sinónimos, y el temprincipal duncultura de guerreros está construido sobre dos notas: valentía y honor. La primera es atributo esencial del héroe, el segundo es su objetivo principalTodo valortodo juiciotoda accióntodas las habilidades y talentos ejercen la función de definir el honor o de lograrloLa vida misma no necesita ser un obstáculoLohéroes homéricoamaban muchla vidahacían y sentían coda coso con pasió(..); pero incluso la vida debe entregarse por honor.

a) - ¿Cuál es el objetivo de todo héroe?

b) -A pesar de la valentía que demuestran:

 ¿Qué sentimiento los acerca al resto de los hombres?